Me da un poco de palo poner dos entradas seguidas de algo que no he escrito yo, pero creo que no hay nadie mejor que la redacción de
La Txistorra Digital para contar lo que pasó en Pamplona (que no Iruña) el día de la Korrika. Muchos me lo han preguntado y no sabía qué responder, pero aquí tenéis la respuesta, que trataré de difundir todo lo que pueda.
Queridos euskaldunes (dos puntos):
Ayer llegó la Korrika a Pamplona (que no Iruña) y el Ayuntamiento hizo lo que tenía que hacer. En primer lugar, quitar los carteles anunciadores, ya que rompían la estética de una ciudad que tiene que cuidar hasta el más mínimo detalle si quiere seguir siendo firme candidata a la capitalidad europea de la cultura. Y, en segundo lugar, prohibir la verbena de la plaza de los Burgos, que era competencia desleal para los bares que están ahí. Bares que, si no protestaban por la presencia de la fiesta, era por miedo. Ya se sabe que la gente que va con la korrika, en cuanto deja el testigo, coge armas incendiarias y ataca contra lo que pilla.
Pero el Ayuntamiento de Pamplona (que no Iruña) no está contra el euskera. No, no. Al revés: lo defiende. Y, lo que hizo, lo hizo para defender al euskera y a Nafarroa Bai. Defendió al euskera al evitar que los de siempre lo politizasen: no es el Ayuntamiento, sino los organizadores de la carrera, quien utilizan una lengua noble como el vascuence como instrumento arrojadizo. Y a Nafarroa Bai le defendió el Ayuntamiento porque imaginaos qué hubiera pasado si permite la verbena: habría habido aún más insultos contra sus representantes, que ya no estarían corriendo y podrían haberles cogido los reventadores profesionales. Fijo, fijo que eran los mismos que montaron la gresca cuando el Euskal Jai, y cuando el parking de la Plaza del Castillo, y cuando San Fermín del 78: son siempre los mismos.
Pero el Ayuntamiento de Pamplona (que no Iruña) no está contra el euskera. No, no. Eso lo dicen, precisamente, los mismos de siempre. El Ayuntamiento ama el euskera, lo cuida y lo protege. Vigía espiritual del vascuence. Y tampoco está, ni siquiera, contra la Korrika. De hecho, pensó en cambiar el nombre de la Plaza Conde de Rodezno por el de Korrika Enparantza. Y, si no lo hizo, fue porque sabe que algunos vecinos, carcas ellos, protestarían. Vamos: que ni lo propuso para que nadie atacara al euskera. Por defenderlo.
Mmmm... creo que me ha vuelto a dar uno de mis ataques mentales. Voy a medicarme.